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lunes, 19 de mayo de 2008

Filibustero


Filibustero (< francés flibustier < inglés freebooter < holandés vrijbuiter ['que se hace del botin libremente']; también podría proceder del inglés fly-boat ['tipo de velero rápido']) era el nombre que recibía el pirata que en el siglo XVII formaba parte de los grupos que actuaban en el mar de las Antillas. Su característica especial, que lo diferenciaba de otros piratas, era que no se alejaban de la costa, la bordeaban y saqueaban las localidades costeras.


El último triunfo de estos piratas fue la toma de Cartagena de Indias en 1697, con la ayuda de una flota de corsarios franceses. Desde entonces su número disminuyó rápidamente, y no se encuentran referencias históricas de ellos a partir de del siglo XVIII.


Corsario


Corsario (del latín cursus ['carrera']) era el nombre que se concedía a los navegantes que, en virtud del permiso concedido por un gobierno en una carta de marca o patente de corso, capturaban y saqueaban el tráfico mercante de las naciones enemigas de ese gobierno.

Historia

Hasta el siglo XIX la actividad corsaria estuvo siempre a cargo de particulares que armaban buques una vez obtenida la patente de corso y recuperaban la inversión con el botín obtenido en las presas capturadas y los rescates por pasajeros de importancia capturados. El corsario estaba limitado en su acción por la patente, pudiendo sólo capturar mercantes de determinados países y teniendo que repartir botín y rescate con el Estado en muchas ocasiones. Esta es la principal diferencia con el pirata, que atacará cualquier buque que pueda capturar y no tiene que rendir cuentas a nadie. Francis Drake es un buen ejemplo de esta época.

Aunque la actividad corsaria ya se practicó en la antigüedad, el auge de los corsarios tuvo lugar entre los siglos XVI y XVIII. Durante este periodo todas las potencias navales europeas empleaban sistemáticamente a los corsarios para entorpecer el tráfico de sus rivales con las colonias como complemento a su flota militar regular. Los últimos actos corsarios tradicionales tuvieron lugar en el siglo XIX durante la guerra de Cuba.

Posteriormente se mantuvo la denominación de corsarios o Buques-Q para aquellos buques pertenecientes a marinas de guerra regulares que entorpecían el tráfico mercante enemigo. La principal actividad de este tipo fue la protagonizada por los alemanes durante ambas guerras mundiales con medios submarinos principalmente. También los Estados Unidos emplearon esta estrategia contra Japón en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial con su flota submarina. En este caso no existe botín y los corsarios se limitaban a hundir los mercantes enemigos.

Antes del desarrollo del derecho internacional entre las naciones europeas, no había ningún recurso al que acogerse para obtener satisfacción tras sufrir pequeños agravios. Los corsarios se empleaban para resolver estos asuntos sin entrar en guerra abierta. El gobierno de un país proporcionaba una patente de corso al propietario de un barco que le permitía armar su barco y atacar a otros barcos que navegaban bajo una bandera particular. A cambio, recibían una porción del botín, yendo el resto a parar a las arcas del gobierno, lo que subsanaba el agravio.

Para el país objetivo, el corsario era prácticamente igual que un pirata (en ocasiones los corsarios acababan siendo piratas), y además esta era la intención. La única diferencia era que los piratas estaban proscritos en todas las naciones, mientras que los corsarios tenían inmunidad legal en el país que les contrataba, y se les consideraba prisioneros de guerra si eran capturados por otros países. Los corsarios a veces recibían el nombre de "piratas caballeros". Algunos corsarios recibían también el encargo de cazar a otros corsarios, mientras que en ocasiones los corsarios incurrían en la piratería sin que se lo encargasen si entraba en sus planes.

Los países Europeos renunciaron a contratar corsarios en la Declaración de París de 1856. Otros países, como los Estados Unidos renunciaron a estas prácticas más tarde, durante las Convenciones de La Haya (1899/1907).

domingo, 18 de mayo de 2008

Bucaneros


Un bucanero ( en las lenguas caribes: bucán es rejilla o trama de madera utilizada para ahumar la carne por los habitantes precolombinos de las Antillas) era en origen un habitante de la parte occidental de la isla de La Española, actual Haití, que se dedicaba a cazar vacas y cerdos salvajes para bucanear, es decir, ahumar, la carne y venderla a los navíos que navegaban por las aguas del mar Caribe.

Durante el siglo XVI se establecieron en la parte occidental de la isla, que había sido abandonada por los españoles, aventureros europeos, particularmente franceses, en su mayoría normandos, que copiaron de los amerindios (arawaks) la técnica de conservación de la carne y se dedicaron a preparar la piel de los animales cazados para venderla a los europeos de paso.

Cuando las autoridades españolas exterminaron a los animales en que se basaba el comercio de los bucaneros, y las autoridades francesas, que gobernaban la Tortuga, dictaron leyes en su contra, muchos de ellos se establecieron en la isla de la Tortuga sumandose a los filibusteros, para dedicarse a la piratería, sobre todo contra los españoles.

A lo largo de los siglos XVII y XVIII el término, alternado con el de filibustero,[1] pasó a ser sinónimo de pirata. Sin embargo, mientras los piratas solían limitar sus actividades al mar, los bucaneros no desdeñaban las actividades en tierra firme ni dedicarse al pillaje.